viernes, 2 de marzo de 2012

Campamentos Saharauis,2005

Estas son las páginas escaneadas de mis días en el desierto. Siempre llevo un diario de a abordo, pero no he querido mezclar el de este viaje con los otros Cuadernos de Bitácora porque pertenece a un momento concreto y un hecho concreto: Año 2005, octubre festival en el sur de Argelia donde numerosos artistas van a cantar. Yo fui con un grupo de cuentacuentos y una cineasta. De ese precioso viaje surgió el proyecto Cuentamundos; nacido de un montón de buenas intenciones aunque de vida corta. Y dentro de ese proyecto, sesiones de cuentos del Sáhara y una exposición de fotografía e ilustraciones que financió la Comunidad de Madrid... Todas las páginas y los dibujos están mezclados con trazos y palabras de los habitantes de las dunas. La letra que se mezcla con mis pinturas es de los propios Saharauis....


El chico que me pintó un corazón, sirve te de hierbabuena envuelto en sus ropajes tradicionales, que usan para estar por casa. Es hermosa su vestimenta, es hermosa su letra... y la serenidad del acto de verter el te; azules entre los naranjas de las arenas. Esta con la que comienzo este post... es mi imagen favorita

A la izquierda, un retrato de mí hecho por Alia, una niña de nueve años. A la derecha, la Matriarca... vestida de naranja sobre fondos azules... es como la recuerdo y como la he dibujado, pero también como la he fotografiado..


Pequeño y precioso niño dibujante del Sahara... con ese gesto y la sonrisa eternamente colgada de los labios... ¿para qué necesitaban cosas materiales si eran más felices que nosotros?



La pequeña Alia nos mira desde la puerta de la Jaima. Todas las Jaimas tenían dos puertas; una delantera, otra en la parte de atrás.


Alí tenía 10 años, había ido a la escuela y venido varias veces a España. Era un niño precioso, alegre, vital... feliz. Le cantábamos "Príncipe Ali", como en Aladdin.... nos costó despedirnos de él.


Estaba triste aquella noche, y me senté fuera de la Jaima, en la arena del desierto entre las casas... la oscuridad era tan profunda que jamás la había visto así. El cielo en cambio brillaba, una niña vino a sentarse a mi lado y me prestó el cálido silencio de su compañía entre las sombras sin preguntarme nada. Tan sólo se quedó allí. Nunca me sentí tan cerca de los niños como en aquel viaje...

Un muchacho jugó conmigo al coqueteo, con fingida inocencia... el corazón lo pintó él, y la de arriba es su letra..




Todas las familias tenían una Jaima y una casa de adobe, ambas rodeadas por un muro de ladrillos, también de adobe.... nosotros nos alojábamos dentro de la casa de adobe... así se veía la Jaima a través de la puerta...



Las manos de Doula: Las manos de Doula pinradas de henna, y añil, como los turbantes del desierto...

Visiones del Desierto.... y el cielo desde dentro de una jaima confeccionada con retales...

3 comentarios:

EvilShara dijo...

Me has hecho viajar, transportado con los dibujos, me encantan. Ademas esos colores <3

C. Carneiro dijo...

Qué pasote, tía. Lo cuadernos de viajes son la mar de interesantes. Son de una expresividad suma encerrada en trazos rápidos y certeros.

Cris.

Muriel Dal Bo dijo...

Sarita, muchas gracias, un honor ser tu alfombra voladora;
Carneiro querida, siempre nos unirá una sensibilidad afín, no nos conocemos en persona, pero ya sé que nos tocamos en la distancia con una punta de las alas.